El presupuesto, la próxima batalla en la Legislatura

Octubre 14, 2008

legislatura-protegerorgar.JPGLa confrontación por los gastos y recursos para 2009 mostrará hasta dónde llega la oposición del PJ. El Frente Progresista se pegó un frentazo bárbaro en la Legislatura con su proyecto de reforma tributaria. Ahora sólo queda curar heridas y revisar lo hecho para seguir adelante. ¿Se puede gobernar sin los 670 millones anuales que iba a aportar la reimposición de Ingresos Brutos y las actualizaciones del Inmobiliario tanto rural como urbano? Ya se dijo hace dos semanas en esta columna que en términos económicos la reforma no era cuestión de vida o muerte. Pero es probable que las cosas no queden allí, porque ahora viene el tratamiento del presupuesto 2009. Teresa Pandolfo, El Ciudadano, 13 de octubre de 2008.Indudablemente, el rechazo sobre tablas de la reforma tributaria que propiciaba Hermes Binner significa un punto de inflexión en las relaciones entre el oficialismo y la oposición o, más precisamente, entre el socialismo y el justicialismo.

El impacto se observa más en el terreno político que en el plano económico, porque sobre un proyecto de presupuesto 2009, con casi $ 17.000 millones en recursos, el mensaje del PE “que tuvo 15 modificaciones en la Cámara de Diputados” no resulta relevante desde la óptica de los números.

Pero, ya pasados unos días del “jueves negro” para el gobierno, la pregunta que cabe hacerse es por que falló la estrategia del socialismo.

Visión parcializada
La respuesta nos acerca a algo mucho más grave que la primera negativa de la oposición a la Casa Gris. Según el parecer de esta periodista, debe buscarse en la circunstancia del propio Partido Socialista, con experiencia de gobierno sólo a nivel municipal hasta la llegada de Binner al poder de la provincia.

Tanto la Unión Cívica Radical como el Partido Justicialista son partidos extendidos en el territorio nacional, con reiteradas experiencias de gobierno en niveles de responsabilidad institucional superior a lo lugareño, en los que han aprendido “lamentablemente sólo en parte, hasta ahora” lo inconducente de menospreciar la influencia de los otros grupos de poder con los que se convive en la sociedad.

El radicalismo nunca va a dejar de tener en cuenta la capacidad de reacción y para armarse de la nada que caracteriza al justicialismo, como tampoco el PJ desconoce que el interior comunal y municipal tiene mucho de “no peronista” y que le ganan las elecciones locales. Otro ejemplo: a Cristina Fernández de Kirchner, el paro de tres meses en gran parte del interior, promovido por el campo, le cambió la historia de su gestión y nada ha vuelto a ser igual para los Kirchner desde entonces.

Cuando se está en la cúspide no se puede despreciar la parcialidad de poder de otros, premisa que en general se aprende a partir de hechos no queridos. Esto ocurre en todos los terrenos y en el periodismo, también.

El socialismo demuestra en los hechos que construye su política desde una visión netamente municipal y esto se observa con mayor acento en el grupo de funcionarios que nos gobiernan, quienes parecerían no haber asimilado todavía que la provincia no es Rosario.

La ciudad del sur gozó de las mieles de la soja de toda la zona núcleo de producción y de la asistencia permanente de los gobiernos nacional y provincial, fuese quien fuera el gobernador de turno.

Rosario ha pasado crisis, sí, pero en la misma forma las han sufrido otras regiones. ¿O acaso el cese de los ferrocarriles no trajo el desempleo y el estancamiento que provocó en las localidades que dependían del paso del tren? El alejamiento de la Fiat, en Sauce Viejo, dejó un hueco no cubierto todavía, cuyos bordes no estuvieron circunscriptos al lugar donde estaban las fábricas instaladas. Y, así, podríamos citar otros ejemplos.

El equipo de Binner proyecta escuelas, hospitales, barrios con servicios, sobre el aporte de los que más poseen, pero parece no haber asumido todavía la integralidad de la provincia Santa Fe, aun con su diversidad, cuya columna vertical es la producción, sea ésta agroindustrial, siderúrgica, manufacturera o tecnológica.

Por eso es que, pese al respeto y a la consideración que goza el gobernador Binner, se siente una falta de gestión ante la Nación y la defensa de la economía real de la provincia.

Parecería que el equipo quedara encerrado en una idea o en una estrategia sin fuerza, con dificultades para avanzar en la gestión, y que, cuando las dificultades se vigorizan, el escape de la realidad pasara por la presencia en los medios de prensa nacionales, en foros en el exterior o en las vacaciones tomadas en los momentos en que se debe dar batalla.

A lo mejor se deberían gastar más energías para reclamar ante la Nación por los recursos genuinamente santafesinos, por las obras comprometidas que no se hacen, por las promesas de asistencia que no llegan, por los subsidios al transporte, por la falta de medidas de orden nacional que han hecho caer la lechería y la ganadería; y menos, en el debate verbal diario de recordar los errores de los anteriores gobiernos peronistas.

Si el justicialismo no aprende de ellos y se niega a hacer autocrítica, no volverá a esa Casa Gris que tanto extraña. Pero el centro de preocupación no debería estar enfocado en la actuación de la oposición, sino en qué es lo que hace el propio gobierno que transita recién su primer año.

Un negociador

Otra respuesta a la pregunta inicial de estos “Apuntes…” la aportó un comentario de alguien con experiencia política en épocas en que también la oposición tenía mayoría en el Senado. Al gobierno le falta un funcionario sólo dedicado a seguir la tarea parlamentaria y a alcanzar consensos en representación del gobernador. “Esta tarea no puede ser llevada adelante por un par: sea diputado o senador, aunque sea de la mayor confianza”, expresó el interlocutor.

Es cierto que, además, en el hecho de no contar con un funcionario para el trabajo de referencia debe computarse la ausencia del despacho por razones de salud del doctor Antonio Bonfatti, la figura más política y, a la vez, mesurada, entre los allegados a Binner. La ausencia del ministro de Gobierno se sintió con claridad en estos días complicados para el oficialismo.

Hay que ser sinceros y señalar que, acordes o no con las prácticas parlamentarias, los senadores del PJ actuaron conforme a derecho y que nunca el justicialismo ocultó su posición contraria a la reimplantación de Ingresos Brutos. Había lugar, entonces, para conversar alternativas u otros tiempos para la reforma en el máximo nivel, a fin de alcanzar consensos.

No es una utopía lo que se está escribiendo. Sucedió con la creación de los comités mixtos de seguridad laboral, proyecto que defendía el ministro de Trabajo, Carlos Rodríguez. El mensaje del Ejecutivo tuvo el voto en contra del justicialismo en Diputados; no obstante, luego de las explicaciones de Rodríguez al Senado, fue aprobado por cuerpo y pasó en revisión nuevamente a la Cámara Baja, donde obtuvo sanción definitiva. Y lo mismo ocurrió con el ministro de Justicia. ¿Cuántas veces fue Héctor Superti a la Legislatura? Muchas, pero logró convertir en ley la propuesta relativa a la instrumentación de la reforma procesal penal. El mensaje original tuvo modificaciones; sin embargo, la iniciativa ya es ley.

Las elecciones de septiembre de 2007 le dieron al Frente Progresista la Casa Gris, y al justicialismo, el Senado. Sería antidemocrático que la Cámara Alta convirtiera en costumbre imponerse por la fuerza del número sin atender las demandas de un gobierno de otro signo político, aunque votado legítimamente por la población. De igual manera, cometería un error el socialismo al no comprender que forma parte de una coalición, en la que otros partidos integrantes le dieron la estructura de base provincial que a Binner le faltaba y que deben ser escuchados.

La política se construye en función de energías y de consensos que permitan avanzar. De no ser así, quedarán nombres con historia parcial, pero sin un pilar “el reconocimiento a la gestión para la que fueron votados” que los sostenga en el tiempo y los proyecte.

 
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