El gobernador santafesino Hermes Binner expulsó a Pablo Ferrés de la presidencia del Ente Administrador del Puerto Rosario (Enapro) con nefastas consecuencias para el Puerto de la Música.
La decisión del gobernador se debió a que Ferrés no aceptaba la opinión oficial sobre el Puerto de la Música. Sin embargo, su despido complica las gestiones para la construcción del centro cultural y al mismo tiempo empantanó la política de normalización de las concesiones que se había iniciado con la llegada del ex director de Terminal 6.
Cuatro directores del ente coincidieron en calcular que el gobierno provincial hoy no tiene allí los votos necesarios para habilitar la construcción del Puerto de la Música sin la autorización escrita de la Subsecretaría de Vías Navegables de la Nación a la desafectación del muelle donde se emplazará la obra.
Declaraciones cruzadas
“Cuando uno dice estas cosas, resultan difícilmente soportables para un gobierno que, tal vez, no quiere escuchar, ya tiene decisiones tomadas o, directamente, no desea cambiar”, admitió ayer Ferrés al analizar el impacto de sus últimas declaraciones públicas como funcionario provincial.
Ferrés fue eyectado del Enapro al hacer pública esa su opinión de que el lugar elegido, entre Pellegrini y el río, no es el mejor y que no se puede dejar de cumplr los procedimientos administrativos correspondientes. Esto equivale a tener cerrado el frente administrativo y minimizando la injerencia de Vías Navegables en los muelles locales.
¿Y ahora?
Pero por más que ahora hayan corrido a Ferrés, sigue siendo mayoría en el directorio su postura (seguir al pie de la letra la ley de puertos, sobre todo porque el Enapro es el garante de los terrenos y el gobierno nacional podría judicializar el caso si la obra se empieza a hacer sin autorización).
“¿Quién va a firmar una cosa así a riesgo de que se judicialice?”, se preguntó un director. “Ya no comemos vidrio”, agregó otro. “Sin aval del gobierno nacional veo difícil que se apruebe”, calculó un tercer directivo.
¿Cómo destrabar la situación?
Los directores consultados señalan dos caminos posibles: cambiar de locación el Puerto de la Música o que el gobierno provincial haga una fuerte inversión en infraestructura para que la compensación otorgada por la desafectación del principal muelle de cargas generales que hoy tiene el puerto satisfaga los requerimientos de Vías Navegables. En otras palabras, poner a punto las 6 hectáreas que se le dieron a Terminal Puerto Rosario (TPR) por ceder terreno y construya los 350 metros de muelle que allí se proyectan.
Pero, como en política todo es posible, los mismos directores aclaran que si bien la provincia ahora no tiene los votos en el directorio, la muñeca política que traiga el nuevo presidente puede servir para destrabar la situación, que no la tendrá nada fácil.
El problema es que el propio gobernador Hermes Binner ya no tiene la fuerza política que tuvo al inicio de su gestión como para encarrilar por su sólo peso la situación (más aún teniendo que haber cambiado en dos ocasiones el timonel) y su mandato entra en la recta final, lo que reduce bastante el viento de cola al nuevo presidente que dependerá mucho del peso propio que traiga para hacer el trabajo fino de convencer a todos.
Gobierno provincial empantanado
El verdadero problema en que se metió el gobierno provincial es separar a un hombre que sabía de qué se trataba el negocio portuario, tenía vocación de resguardar la seguridad jurídica, su imagen generaba seriedad, tenía presencia internacional, y sobre todo la fuerza y la personalidad necesaria como para completar el trabajo que él había iniciado de poner en caja a Terminal Puerto Rosario (TPR) con los términos del contrato de concesión y lograr encarrilar la conflictiva relación entre el concesionario de las terminales I y II con Servicios Portuarios, que maneja la VI y VII.
Además de ver si quién lo sucede tiene la misma vocación y fuerza para negociar con peso pesados el encuadre de las concesiones (por ejemplo la Sindicatura del Enapro pidió que se le exija a TPR que cambie de aseguradora, se capitalice y ponga sobre la mesa un plan de obras de infraestructura), hacer este cambio abrupto de funcionarios sumó un ruido político innecesario al esforzado y continuo intento de levantar al puerto que está haciendo día a día el nuevo accionista (Aotsa/Vicentín) buscando cargas y proyectando inversiones.
El tema central para la economía regional (y la madre de todos los desafíos que tiene el puerto) no es el Puerto de la Música sino el urgente encuadre de las concesiones y el aumento de actividad en los muelles, para lo que se necesita un frente político calmo. “Nunca me lo comunicaron”, dice Ferrés sobre si, como alientan las usinas que tiene el gobierno en la prensa, Binner le dijo que lo puso allí para, además de encuadrar a TPR, hacer posible la construcción del mega centro cultural.
Posibles sucesores
“No hablo del puerto”, fue la respuesta tajante que le dio anoche a punto biz el ministro de Gobierno, Antonio Bonfatti, en el marco de una cena de IDEA. Todos los empresarios asistentes le preguntaron del tema, pero buscó esquivar respuestas.
No obstante, si cruzó unas pocas palabras en el coctail antes de la cena con hombres de negocios, entre ellos Daniel Gallo, tesorero de la Bolsa y socio en Rosario de Deloitte (la consultora internacional que ad honoren asesora a la Fundación Puerto de la Música), y con quien habló de la “manganeta que nos hicieron ahí adentro”, pidió “que no se comente nada de lo que dije”, y aventó en voz baja la línea de que fue traicionado (“se dieron vuelta”) y que habría jugadas entre el Enapro y Vías Navegables que explican la necesidad de correr a Ferrés.
Bonfatti viene de quedar en off side varias veces en este tema. Apenas, se publicó que Vías Navegables no autorizaba la desafección del muelle para usos culturales (como dice la ley de puertos), el ministro salió a los medios a decir que la Provincia no tenía que pedir permiso a Vías Navegables y sus hombres en la Fundación Puerto de la Música así lo repetían como loros. Pero luego, Bonfatti tuvo que, finalmente, ir a pedir la autorización y eso es lo que está negociando (dice que está arreglado “de palabra”, cuando en la Nación lo desmienten).
Con información de Punto Biz