
Al debilitado desempeño de los candidatos opositores se sumaron ayer el anuncio del peronista Felipe Solá de que abandonaba ese espacio y el acercamiento del candidato gobernador de Udeso, Francisco de Narváez, al peronista disidente Alberto Rodríguez Saá.
El viraje de Solá
“Dejé de sentirme parte de la oposición”, disparó ayer Solá, para disgusto de sus ex compañeros del Peronismo Federal, que consideraron que su decisión fue un error. También el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, criticó su cambio de vereda. “Me da lástima escucharlo decir esas cosas”, dijo sobre quien fue su aliado en las elecciones de 2009.
Sus declaraciones no fueron del todo sorpresivas (ya había dado señales de acercamiento a la presidenta Cristina Kirchner y al gobernador Daniel Scioli), pero marcaron otro traspié para el conglomerado opositor. A medio camino entre el sálvese quien pueda y el enfrentamiento de todos contra todos para ganar el voto no kirchnerista, los principales candidatos de la oposición intentan llegar sin muchas bajas al 23 de octubre.
De Narváez con Rodríguez Saá
Poco después de conocerse el cambio de rumbo de Solá, los también peronistas De Narváez y Alberto Rodríguez Saá se mostraron juntos ayer en La Matanza, donde el candidato a gobernador comenzó a acordar con Rodríguez Saá un apoyo a su postulación en la provincia de Buenos Aires.
El beneficio es mutuo. Rodríguez Saá siempre sospechó que la Justicia impugnaría la postulación bonaerense de su hermano Adolfo. Y De Narváez necesita como el agua los puntos que obtuvo Rodríguez Saá en las primarias.
En medio de esta situación incómoda, Alfonsín trató de mostrar como una ventaja el doble juego de su aliado bonaerense.
“Queremos ganar y si Rodríguez Saá no puede llevar candidato propio, nos parece bien que nos apoye a nosotros, por lo menos en la provincia”, sostuvo en referencia a Unión para el Desarrollo Social (Udeso), el frente que construyó con De Narváez.
El candidato radical ayer presentó en Villa Lugano su plan de viviendas en caso de llegar al Gobierno, pero antes tuvo que explicar las declaraciones de su socio peronista sobre que la elección nacional ya “está bastante definida”.
“Francisco me llamó esta mañana y me dijo que él nunca dijo eso”, explicó Alfonsín. En cambio, el candidato presidencial del radicalismo volvió a disparar contra su ex socio Hermes Binner, quien dijo que ya está segundo en las encuestas.
“El se ve segundo, yo quiero ganar. No se gobierna con un partido en construcción”, disparó en alusión al Frente Amplio Progresista, que Binner armó semanas antes de las primarias. Fue una devolución de gentilezas, después de que Binner opinara unos días atrás que la UCR era “un partido del siglo pasado”.
Canibalización
Para encuestadores y analistas políticos consultados por LA NACION, esta pelea de todos contra todos en la que en las últimas semanas se sumergieron los principales candidatos presidenciales de la oposición es muy natural y tiene un nombre: canibalización.
La explicación de los expertos es que como el electorado de Cristina Kirchner está más consolidado, los opositores que pelean entre sí por el segundo lugar buscan sacarse votos unos a otros.
“La estrategia de sacarle votos al Gobierno no demostró buenos resultados, entonces sólo les queda canibalizarse entre sí”, explicó la socióloga Graciela Römer.
“Es razonable que se peleen porque compiten por un electorado fragmentado, en cambio el de Cristina Kirchner está más consolidado”, concordó Sergio Berensztein, director de Poliarquía.
“La única manera en que pueden crecer es a costa de los otros”, se sumó Mariel Fornoni, de Management & Fit.
En esta misma lógica se ubican los vaivenes de muchos candidatos provinciales para despegarse de sus propios referentes nacionales y buscar que les lleguen votos desde otras listas.
Con ese mar de fondo, los encuestadores pronostican más movimientos, deserciones y peleas entre la oposición para quedarse con el segundo lugar en octubre, el premio consuelo que todos persiguen. “Alguno va a sacar rédito de esta búsqueda de diferenciación extrema. Pero al electorado no le gusta la estrategia. Es una alternativa de patas cortas”, opinó Manuel Mora y Araujo.
Con información de La Nación